Revista ID nº 416

miércoles, octubre 01, 2014

La revista ID de septiembre - octubre 2014 rinde un homenaje a los misioneros que están Guatemala, por los 60 años de presencia del IEME en este país.

Hablar del IEME en Guatemala es hablar de sus misioneros, porque el IEME son sus misioneros. En estos 60 años un buen número de compañeros han dejado parte de su vida en Guatemala, entregados al servicio de las comunidades. La mayoría de sus nombres aparecen en los variados escritos de este número especial de ID. Pero es imposible dar cabida a todos en este espacio. Los que quedan en el anonimato cuentan con nuestro recuerdo, cariño y gratitud, como cualquier compañero. Muchos viven ya el gozo eterno en la Casa del Padre. Otros cambiaron de destino. La mayoría nos hemos hecho “mayores”. Y aquí estamos tres, Jesús, Prudencio y Paco, todos de 70 para arriba, manteniendo en pie el banderín del IEME.
Estos 60 años han sido muy variados y ricos. Cada época ha tenido su coyuntura específica, sus problemas, sus retos y desafíos… Los compañeros misioneros han tratado de responder en cada situación, con total entrega y dedicación a las tareas y comunidades encomendadas. Desde la fe en Cristo Jesús, como parte de la Iglesia universal, llevamos y compartimos la Buena Noticia del Reinado de Dios con los pobres y excluidos, con los que quedan en las cunetas del camino de la vida. Porque el misionero debe también saber ubicarse, ya que no es lo mismo estar, vivir y trabajar en un lugar que en otro.


A nuestro grupo, en Guatemala, nos ha tocado vivir tiempos especialmente difíciles. Me refiero al conflicto armado interno (1960-1996), que se cobró decenas de miles de víctimas. Años en los que estaban a la orden del día los secuestros, desapariciones, torturas, asesinatos y masacres… En tal situación extrema no se puede permanecer imparcial. Hay que decidir y tomar partido: del lado de los victimarios o de las víctimas. Nosotros, los misioneros, teníamos hecha la opción desde años atrás: habíamos optado por los pobres. Y en este conflicto los pobres eran las víctimas.
Una opción radical de este tipo te puede llevar a consecuencias dolorosas, y el dolor nos golpeó el 25 de julio de 1981, cuando nuestro compañero Ángel Martínez, misionero seglar, derramó su sangre y entregó su vida, a consecuencia de un ataque de fuerzas gubernamentales contra una casa en la capital. Desde entonces, este grupo de Guatemala tiene el privilegio de contar con un mártir, testigo de la fe, al igual que otros grupos del IEME. ¡Honor a nuestros mártires, que lavaron su túnica con la sangre del Cordero!
Los tres del grupo que hoy quedamos en Guatemala no pretendemos ya grandes cosas. Solo nuestra presencia sigue aportando seguridad, confianza y apoyo a la gente sencilla con la que vivimos. Ellos nos quieren y nosotros los queremos. Ya no se trata de “hacer” mucho, sino de “saber estar”. Y aquí estamos, como los árboles, viejos, pero de pie.

Paco Ortega




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