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Papa y OMP. Asamblea General de las OMP en Roma.

martes, mayo 29, 2018


 “Queridos hermanos y hermanas; con este breve mensaje quiero presentaros una realidad importante para la misión de la Iglesia, pero poco conocida: las Obras Misionales Pontificias.


Desde los primeros tiempos, el sostenimiento mutuo entre las Iglesias locales, comprometidas en anunciar y testimoniar el Evangelio, ha sido un signo de la Iglesia universal. De hecho, la misión, animada por el Espíritu del Señor Resucitado, amplía los espacios de la fe y de la caridad hasta los extremos confines de la tierra.
En el siglo XIX, el anuncio de Cristo recibió un nuevo impulso con la fundación de las Obras Misionales, con el propósito específico de orar y actuar de modo concreto para sostener la evangelización en los nuevos territorios. Estas Obras fueron reconocidas como Pontificias por el Papa Pío XI, quien, de esta forma, quería subrayar cómo la misión de la Iglesia hacia todos los pueblos está muy en el corazón del Sucesor de Pedro. ¡Y así sigue siendo! Las Obras Misionales Pontificias continúan hoy en día este importante servicio que comenzó hace casi 200 años. Están presentes en 120 países con directores nacionales, coordinados por secretarías internacionales de la Santa Sede.

¿Por qué son importantes las Obras Misionales Pontificias? Son importantes, sobre todo, porque debemos orar por los misioneros y las misioneras, por la acción evangelizadora de la Iglesia. La oración es la primera ‘obra misional’ – ¡la primera! – que todo cristiano puede y debe hacer, y es también la más eficaz, aunque esto no se pueda medir. De hecho, el principal agente de la evangelización es el Espíritu Santo, y nosotros estamos llamados a colaborar con Él. Además, estas Obras garantizan, en nombre del Papa, una distribución equitativa de las ayudas, de manera que todas las iglesias del mundo tengan un mínimo de asistencia para la evangelización, para los sacramentos, para los propios sacerdotes, los seminarios, para el trabajo pastoral, para los catequistas. Sostenimiento a los misioneros que evangelizan, y sostenimiento, sobre todo, con la oración, para que el Espíritu Santo esté presente. Es Él quien lleva adelante la evangelización.
Por eso, animo a todos a colaborar en nuestra común tarea de anunciar el Evangelio y sostener a las jóvenes Iglesias gracias a la labor de estas Obras Misionales. Haciendo así, en todos los pueblos, la Iglesia sigue abriéndose a todos y proclamando con alegría la Buena Noticia de Jesucristo, Salvador del mundo.
¡Gracias a todos de corazón!”.

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